proletkult@wyrms.de a publié une critique de Ferdydurke par Witold Gombrowicz
4 étoiles
(Nota preliminar: Leí Ferdydurke por primera vez en 2013. Me dejó una impresión intensa - buena - y, a la larga, ciertamente del todo confusa, aunque algunas cosas, como la metafísica del muslo, no puedan ser olvidadas por nadie, grabándose en la memoria como la marca de un fierro incandescente sobre las ancas.
Lo releí ahora, con motivo de que, como al personaje principal de esta novela, el “Pepito”, ha llegado a ocurrirme que me he visto, con mi treintena, regredido a volver a visitar las aulas de una escuela preparatoria. Con alguna carcajada interna que sin embargo no era sino intento de ocultarme a mí mismo el saber de que estaba yo a punto de verme nuevamente enfrentado contra especímenes del tipo “colegiala moderna”, o sea, inmensamente más poderosos que nadie, algo en mí intuyó que sería buen momento para regresar a Gombrowicz.)
No deja de ser impresionante cómo …
(Nota preliminar: Leí Ferdydurke por primera vez en 2013. Me dejó una impresión intensa - buena - y, a la larga, ciertamente del todo confusa, aunque algunas cosas, como la metafísica del muslo, no puedan ser olvidadas por nadie, grabándose en la memoria como la marca de un fierro incandescente sobre las ancas.
Lo releí ahora, con motivo de que, como al personaje principal de esta novela, el “Pepito”, ha llegado a ocurrirme que me he visto, con mi treintena, regredido a volver a visitar las aulas de una escuela preparatoria. Con alguna carcajada interna que sin embargo no era sino intento de ocultarme a mí mismo el saber de que estaba yo a punto de verme nuevamente enfrentado contra especímenes del tipo “colegiala moderna”, o sea, inmensamente más poderosos que nadie, algo en mí intuyó que sería buen momento para regresar a Gombrowicz.)
No deja de ser impresionante cómo lo que sea que ocurre en esta burrada de novela - y espero que nadie se ofenda porque yo la tilde así, pero se me concederá que esto es justo lo que quería ser el libro - llega a ser expresado de forma tan precisa precisamente sirviéndose de las expresiones más incoadas - “vulgares”, comunes y corrientes posibles.
Uno pensaría que no puede haber mérito en esto.
Pero con todo lo “absurdo” que pueda aparentar ser la novela, el mérito de aquella primera caracterización - que se trata de una novela muy precisa - nos permite entender por qué es más adecuado calificar esta novela como estrictamente realista.
El asunto es que la realidad que expresa es la de la psique social o, más precisamente, la de la auto-percepción de la psique individual de su ser social, es decir, la percepción inmediata que la psique individual tiene sobre su ser social, la manera en la cual el ser social de refleja en la psique.
Y en efecto, todo resulta tan burdo e incoado, con aquel lenguaje irrisorio por su falta de precisión, por sus conceptos tan pobremente abstraídos, porque así de burda e incoada es verdaderamente la percepción inmediata de lo social, pues la inmediatez de la realidad tal y como se refleja en el lenguaje inmediato es en sí así de abstracta.
Piénsese así por ejemplo en la total abstracción de las expresiones indexicales “esto”, “aquí”, “yo”, con las que sin embargo creemos expresar las cosas más concretas posibles. Así opera Ferdydurke con las realidades sociales, y las expresa de esa forma tan inmediata que, siéndonos perfectamente familiar y conocida a todos, nos resulta empero absurda cuando la obtenemos mínimamente reiterada o reflejada en un texto.
El elemento de la realidad al que Gombrowicz se apega como la mierda al calzón es pues exactamente aquel de la abstracción incipiente misma. El lugar de contacto más próximo entre el espíritu social y la psique individual. Un lugar alucinante donde, si existe la colegiala moderna, ¿cómo no va a poder existir el cuculillo? Claro que existe. Por eso todos sentimos la ridícula angustia de Pepito, que consiste en la total alucinación de que el dominio de lo simbólico no conoce límites. Tanto así, que algún cualquier otro nos puede atrapar y sujetar por completo sin apenas habernos puesto un dedo encima. Y que hacen falta los más estúpidos, ridículos, absurdos y rebuscados estratagemas para acaso librarse de ellas por unos instantes antes de recaer en alguna forma - inshallah! - mínimamente más libre.
La inmadurez es precisamente el tiempo-espacio de la abstracción pobre, donde la abstracción pobre se confunde por lo más concreto o inmediato.
(El primer capítulo de la Fenomenología del Espíritu de Hegel trata de alguna manera este asunto).
El inusual mérito de esta novela es pues que expone de forma reflexivamente inmediata en primer lugar la inmediatez de esta abstracción cotidiana, así como, en segundo, el poder - puramente social - que dicha abstracción confundida por inmediatez ejerce irresistiblemente sobre nosotros. Hilos invisibles.
Como si se tratase de la parte reptil de la consciencia individual-colectiva.
Y no, precisamente, de elevados y profundos arquetipos Jungianos que expresarían una rica reserva simbólica de sabiduría originaria, sino indeciblemente idiotas y vulgares abstracciones que revelan la pobre superficie simbólica que es la conciencia-alienación colectiva en tanto suplemento que busca ser enmascarado exactamente por la fantasía de la profundidad originaria de la cultura y en que esta se disuelve tan pronto uno se propone seriamente su análisis.
(El último cuarto del libro, un análisis similar de la consciencia señorial-sierval, es acaso menos lúdico, digamos, y más teóricamente transparente, leyéndose de a partes como una exposición en forma de comedia absurda del más conocido pasaje de la obra de Hegel. También aquí no deja de asombrar que uno tenga la sensación de estar presenciando - en este relato acaso algo menos absurdo - una descripción perfectamente realista, ¿cómo ha sido posible?
Y un último comentario, ultra académico, ¿acaso no vemos aquí, en esa última decisión de raptar a Isabel, una perfecta instanciación de la narrativa en cuanto acto socialmente simbólico, tal y como lo describió Fredric Jameson en su obra más famosa? ¿No vemos acaso como Pepito encuentra en tal rapto un acto simbólico que reestructura y reconcilia en forma de una narrativa socialmente aceptable las contradicciones del orden señorial-servil introducidas por la intromisión de la moderna fantasía burguesa-bucólica encarnada por Polilla?
Pero aún más que esto, lo que se revela es que el acto simbólico ha devenido, en el cenit de la modernidad, un pasaje al acto, un “acting out”, un estilo de precipitación histérica, en la que se revela - acaso abriendo una puerta a la subjetividad perversa - la dependencia de nuestro deseo del otro. O algo así.)